Comprendiendo las Emociones a través de los Niños

La mejor forma de comprender las emociones, es tratar como padres de identificarlas en nuestros hijos.  Si en este momento no sos padre en algún momento fuiste “hijo” y de tal manera puedes hacer un correlato de tus emociones infantiles y como actuaron tus referentes (padres-hermanos-tíos) en esa situación.

El primer punto a comprender es que los niños son “emocionales” en estado absoluto.  Son pura emotividad. No pueden verbalizarlas, no entienden que les pasa, solo sienten.  Y lo que vemos generalmente es una conducta que intenta expresar de alguna forma la emoción reinante.

Comprendiendo esto, separamos la conducta  del niño, de la emoción.

Los niños aprenden a manejar sus emociones de la observación, es decir tienes que ver como manejas tus emociones o como siempre digo, los hijos son nuestros mejores maestros, son nuestro espejo.  Si ves algo que no te gusta en tu hijo, seguro que tu haces lo mismo y el solo actua por imitación.

Volvamos, ante una rabieta, o el golpe a un hermanito.  Observemos que emoción está detrás de ese comportamiento.

Puede ser enojo (porque le rompió un juguete), requiere más atención (se sienten desplazados).

Lo primero es verbalizar, darle un nombre a la emoción para que el niño la identifique, hacerle sentir que uno comprende que esté “enojado”, “triste”. El mensaje es “tu me importas”, “se como te sientes” y a continuación indicarle que “su comportamiento” no es adecuado y como actuaría la próxima vez que se sienta “enojado”, “triste”.

Haciendo esto, le enseñamos a identificar la emoción y a procesarla.

Items a tener en cuenta para la educación emocional de nuestros hijos (y la propia):

-Fijarse en las emociones de los niños, pensar qué estarán sintiendo, “ponernos en su pellejo” (cosas insignificantes para nosotros pueden ser terribles para ellos), ser concientes de sus sentimientos, no solo de los negativos, también cuándo se sienten felices, orgullosos, etc.

-Identificar y ser conscientes de nuestras propias emociones y del modo como las enfrentamos, nos ayudará a entender mejor las emociones de nuestros hijos.

-Los adultos son modelos para los niños aunque no lo quieran. El niño aprenderá de sus padres a enfrentar sus emociones a partir de la observación. Si enfrentamos nuestras propias emociones adecuadamente, estaremos dando un buen ejemplo.

-Fijarnos en cómo juega el niño, qué dice a sus muñecos/as, etc., nos puede indicar lo que está sintiendo, lo que le preocupa, de qué se siente contento, etc.

-También las pesadillas ofrecen una oportunidad de observar sus preocupaciones, miedos, etc. Hay que calmar al niño después de una pesadilla y hacerle ver que lo que ha ocurrido no es real, pero a la vez podemos aprender más de nuestro hijo.

-Enseñarle a expresar sus emociones a través de las palabras, enseñándole los términos adecuados a sus sentimientos (“temeroso”, “contento”, “preocupado”, “relajado”, “envidioso”, etc.)

-Ante las emociones de los niños la mejor respuesta es darnos cuenta e intentar entenderlas. Negarlas (quitarle importancia) o evitarlas (distraer al niño o compensarle para que deje de sentirlas) suele ser contraproducente.

-Ver las emociones como una oportunidad de entrar en contacto afectivo con los niños, de entenderlos y luego poder enseñarles, en vez de ver la emoción como un conflicto o un problema.

-Dar respuestas a las emociones antes de que se salgan fuera de control. Hablar de las emociones antes de que estallen puede enseñar al niño a enfrentar momentos de crisis, como podría ser el caso de las rabietas.

-Animar a los niños a hablar de sus emociones, qué sienten y cómo se encuentran. Hay que ayudarles a expresar sus emociones a través de las palabras.

-Mostrarnos pacientes y cariñosos ante sus emociones, escuchándoles e intentando entenderles es el primer paso para intentar ayudarles y educarles.

-Cuando escuchamos atentamente la expresión emocional de un niño le estamos enviando el  mensaje de que sus emociones nos importan.

-Además de las palabras debemos fijarnos en otras señales como el lenguaje no verbal o lenguaje corporal, el tono de voz, etc.

-A la hora de afrontar situaciones que crean malestar y emociones negativas hay que ayudarles a pensar en soluciones y a que sean ellos los que expresen sus propias ideas y soluciones.

-Es bueno enseñar a los niños a nombrar sus emociones. Por ejemplo, si un niño está llorando se le puede decir “Estás triste, ¿verdad?”, o si está enrabietado el comentar: “Ya veo que estás muy enfadado”, le ayudará a entender mejor sus emociones, al tiempo que se da cuenta que entendemos lo que le pasa.

-También es importante el enseñar a identificar las diferentes emociones. Para ello se puede jugar con marionetas, con muñecos, o simplemente pintándose los dedos con diferentes caras (triste, enfadado, alegre…) y haciendo que esos “personajes” hablen y cuenten sus sentimientos.

-Hay que hacerle ver al niño la diferencia entre los sentimientos y el comportamiento. Un niño que siente celos de su hermano pequeño intenta superar su frustración pegándole. Podemos aceptar el sentimiento del niño y a la vez no aceptar su manera de comportarse.

-En esos momentos, ayudaremos al niño si ponemos un nombre a ese sentimiento y hacemos entender al niño sus emociones, pero también le decimos que no es adecuado su comportamiento y que no lo vamos a tolerar, y por último le ayudamos a buscar una solución más adecuada al problema o conflicto con el que se encuentra.

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